miércoles, 12 de mayo de 2010

Recuerdo de Lhasa

Montañas

El Yeti siempre supo guardar las montañas sagradas asustando a los hombres que osaban acercarse a sus laderas. Se alimentaba de las ofrendas que le traían los monjes, de los cuales había aprendido el valor de la paciencia y la sutileza de la meditación. Así fue desde tiempos nunca escritos. Un día llegaron otros hombres; seres que en su rugido solo oían el ulular del viento. Comprendió que su trabajo había terminado. Aterrado por la idea de ser capturado, se escondió en el lugar mas recóndito de las montañas para dormir olvidado en la memoria de la nieve.

Años después, fue descubierto por una expedición que lo arrancó del hielo con la intención de llevarlo a un museo. Habían llegado con sus libros, computadoras, cámaras de vídeo, teléfonos móviles, ropa sintética y mil utensilios mas con los que podían penetrar en los lugares más remotos. Las montañas, al ver como los porteadores lo arrastraban mientras cantaban alegremente, lloraron toda su nieve. Hinchados de tanto dolor, los ríos arrasaron todo a su paso antes de llegar al olvido del mar. Solo quedaron en pie las casas, los templos, las tiendas, las carreteras y los puentes junto con los seres que deambulan entre las calles. EL país nunca se recuperó del cataclismo; aún hoy nos seguimos horrorizando con las imágenes de destrucción que los turistas traen de sus viajes.

1 comentario:

  1. una buena historia, ritmo interesante, acompaña bien la foto... cordiales maullidos desde Madrid

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