lunes, 21 de febrero de 2011

Aquel Instante

 

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Fue en un segundo, en un momento en el que sintió que comprendía sus cincuenta años de vida; de una vida que hasta ese momento se le había semejado vulgar y monótona. No era simplemente recordar, era otra cosa, era entender que podía tocar la existencia misma. Como si el tiempo se hubiese parado. Podía ver todo lo que le rodeaba con un definición perfecta, con una claridad que ni la noche podía cubrir y que arrasaba con la triste iluminación de las farolas y el roto paisaje del barrio olvidado de aquella ciudad que ahora le parecía más sórdida y embrutecida. Se sentía libre de toda atadura física y fue consciente de que se acercaba a un momento único en la vida del ser humano. Entendió que estaba al borde de una revelación, que en cualquier momento podría asomarse sobre el abismo de la existencia y comprenderlo todo; no solo su vida sino la de todos los seres que viven o han vivido. Por primera vez abriría los ojos, rasgaría la cortina que nos oculta la verdad. Y fue justo en ese momento, en el instante exacto en el que el saber final se desbordaba para que la gran verdad le fuese revelada, cuando sintió la punzada y recordó que aún no había comido. Afortunadamente en ese momento pasaba frente a una hamburguesería y entró.

domingo, 20 de junio de 2010

Visita al Zoológico de Santa Cruz

DSC_0724 Hoy he estado en un zoológico; es un pobre zoo de una pobre ciudad de un país pobre de un continente sumido en la pobreza. Es un zoo desarraigado, despeinado y vestido con harapos desechados de otros tiempos que quisieron ser pero no fueron.

En la exuberante naturaleza de Santa Cruz de la Sierra la existencia de las escuálidas jaulas parece más un monumento a las contradicciones de este continente que una muestra de su fauna. Caminando entre jaulas uno puede ver animales exóticos encerrados por la obsesión de ser como los vecinos, lejanos y cercanos, que solo saben sumar, restar y medir. Cada uno de estos animales parecía aceptar su encierro con su propia absurda filosofía.

Las tortugas en su inmovilismo parecían las mas felices caminando lentamente desde ningún sitio a ningún lugar.

Esta el jaguar; rugiendo orgulloso en sus dominios de piedras y polvo, rodeado de alambre, convencido de ser el rey indiscutible de unos siervos que lo dominan.

Mas allá encontramos a la nutria siempre en movimiento, desplazándose de un lado a otro con una elegancia y velocidad que espantaría a las tortugas. Fluyendo inagotable como una cinta multicolor; haciendo muestra de una habilidad desdeñosa. Gran bailarina en esa danza fluvial de tres por dos metros que la obliga a seguir una circunferencia infinita e inútil.

Tenemos a las parabas pavoneándose, como si sus vanos colores le permitiesen romper el cerco de marrón rojizo del alambre oxidado. Los loros, cacatúas y demás pájaros parlanchines que chillan y reclaman sin saber el que o el por que.

También tenemos los animales pobres; el tapir fuerte pero dormido, el cerdo salvaje que camina tan perdido como el domestico solo que, a diferencia del ultimo, se cree libre.

Y en el centro de esta pobreza y vanidad absurda, de gracia desgraciada, se alza el cóndor exaltado por su grandiosa jaula; alagado por su roca y cascada, ahogado por todo lo que le rodea y le impide ser libre para ser lo que todos exigen que sea mientras aseguran el candado de su jaula.

miércoles, 2 de junio de 2010

Jerusalén

El creyente abandono la ciudad con su hatillo al hombro tras escuchar el lamento de los muros.

jueves, 20 de mayo de 2010

Círculos

IMG_1622 - Duerma madre, duerma.

La anciana acerca la mano para asir la taza escuchando las palabras tranquilizadoras de la hija, pero antes de esforzarse en levantarla los círculos de té reseco del fondo de la taza le enredan la mirada arrastrándola al torbellino de recuerdos: tristezas, dolores, asperezas, suavidades, placeres, alegrías. Cae, se hunde en la memoria hasta llegar al recuerdo primigenio del calor del regazo, del bebé que gira la cabeza y lee su futuro en los círculos de verdes hojas en la superficie del agua. Sube, se eleva a través de alegrías, placeres, suavidades, asperezas, dolores y tristezas hasta llegar a la imagen final de una vieja que se desmorona con el recuerdo último del llanto que ahoga las palabras tranquilizadoras de la madre.

- Duerme hija, duerme.

viernes, 14 de mayo de 2010

La Vuelta

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El monótono traqueteo de la rueda acompaña el giro de las tuercas que la ajustan al eje que se retuerce bajo el vagón de metro que mira asombrado como las traviesas fluyen rápidamente alternando con la oscuridad de la vaguada por la que discurre un agua sucia y hedionda que en remolinos se derrumba resbalando por las paredes y espantando a la rata que de un salto cae en la vía para morir seccionada por la rueda que gira acompañada por el monótono traqueteo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Recuerdo de Lhasa

Montañas

El Yeti siempre supo guardar las montañas sagradas asustando a los hombres que osaban acercarse a sus laderas. Se alimentaba de las ofrendas que le traían los monjes, de los cuales había aprendido el valor de la paciencia y la sutileza de la meditación. Así fue desde tiempos nunca escritos. Un día llegaron otros hombres; seres que en su rugido solo oían el ulular del viento. Comprendió que su trabajo había terminado. Aterrado por la idea de ser capturado, se escondió en el lugar mas recóndito de las montañas para dormir olvidado en la memoria de la nieve.

Años después, fue descubierto por una expedición que lo arrancó del hielo con la intención de llevarlo a un museo. Habían llegado con sus libros, computadoras, cámaras de vídeo, teléfonos móviles, ropa sintética y mil utensilios mas con los que podían penetrar en los lugares más remotos. Las montañas, al ver como los porteadores lo arrastraban mientras cantaban alegremente, lloraron toda su nieve. Hinchados de tanto dolor, los ríos arrasaron todo a su paso antes de llegar al olvido del mar. Solo quedaron en pie las casas, los templos, las tiendas, las carreteras y los puentes junto con los seres que deambulan entre las calles. EL país nunca se recuperó del cataclismo; aún hoy nos seguimos horrorizando con las imágenes de destrucción que los turistas traen de sus viajes.

martes, 11 de mayo de 2010

La Verdad Sobre el Quijote

Yo,  Sancho, no pude evitar escribir sobre la locura que siempre me acompañó. Me inventé el Caballero de la Triste Figura y lo eché a cabalgar. Firmé con un seudónimo para que nadie me reconociese, ya que mi nombre había sido mancillado por mis propias acciones. Me retiré a mi casa y, con la armadura y la lanza enmohecidas en un rincón, inventé ese personaje de hombre común y sensato que en mi vejez olvidé ser.