jueves, 20 de mayo de 2010

Círculos

IMG_1622 - Duerma madre, duerma.

La anciana acerca la mano para asir la taza escuchando las palabras tranquilizadoras de la hija, pero antes de esforzarse en levantarla los círculos de té reseco del fondo de la taza le enredan la mirada arrastrándola al torbellino de recuerdos: tristezas, dolores, asperezas, suavidades, placeres, alegrías. Cae, se hunde en la memoria hasta llegar al recuerdo primigenio del calor del regazo, del bebé que gira la cabeza y lee su futuro en los círculos de verdes hojas en la superficie del agua. Sube, se eleva a través de alegrías, placeres, suavidades, asperezas, dolores y tristezas hasta llegar a la imagen final de una vieja que se desmorona con el recuerdo último del llanto que ahoga las palabras tranquilizadoras de la madre.

- Duerme hija, duerme.

viernes, 14 de mayo de 2010

La Vuelta

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El monótono traqueteo de la rueda acompaña el giro de las tuercas que la ajustan al eje que se retuerce bajo el vagón de metro que mira asombrado como las traviesas fluyen rápidamente alternando con la oscuridad de la vaguada por la que discurre un agua sucia y hedionda que en remolinos se derrumba resbalando por las paredes y espantando a la rata que de un salto cae en la vía para morir seccionada por la rueda que gira acompañada por el monótono traqueteo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Recuerdo de Lhasa

Montañas

El Yeti siempre supo guardar las montañas sagradas asustando a los hombres que osaban acercarse a sus laderas. Se alimentaba de las ofrendas que le traían los monjes, de los cuales había aprendido el valor de la paciencia y la sutileza de la meditación. Así fue desde tiempos nunca escritos. Un día llegaron otros hombres; seres que en su rugido solo oían el ulular del viento. Comprendió que su trabajo había terminado. Aterrado por la idea de ser capturado, se escondió en el lugar mas recóndito de las montañas para dormir olvidado en la memoria de la nieve.

Años después, fue descubierto por una expedición que lo arrancó del hielo con la intención de llevarlo a un museo. Habían llegado con sus libros, computadoras, cámaras de vídeo, teléfonos móviles, ropa sintética y mil utensilios mas con los que podían penetrar en los lugares más remotos. Las montañas, al ver como los porteadores lo arrastraban mientras cantaban alegremente, lloraron toda su nieve. Hinchados de tanto dolor, los ríos arrasaron todo a su paso antes de llegar al olvido del mar. Solo quedaron en pie las casas, los templos, las tiendas, las carreteras y los puentes junto con los seres que deambulan entre las calles. EL país nunca se recuperó del cataclismo; aún hoy nos seguimos horrorizando con las imágenes de destrucción que los turistas traen de sus viajes.

martes, 11 de mayo de 2010

La Verdad Sobre el Quijote

Yo,  Sancho, no pude evitar escribir sobre la locura que siempre me acompañó. Me inventé el Caballero de la Triste Figura y lo eché a cabalgar. Firmé con un seudónimo para que nadie me reconociese, ya que mi nombre había sido mancillado por mis propias acciones. Me retiré a mi casa y, con la armadura y la lanza enmohecidas en un rincón, inventé ese personaje de hombre común y sensato que en mi vejez olvidé ser.

lunes, 10 de mayo de 2010

Deus Irae

Dios, cansado de los desmanes cometidos en su nombre, inventó a Gutemberg y trajo así la confusión de la escritura.

sábado, 8 de mayo de 2010

Turismo

La lágrima resbaló por la mejilla borrando la pintura de guerra del orgulloso guerrero. Lloraba de rabia recordando como se reía de su abuelo cuando decía que las cámaras fotográficas robaban el alma.

Después el flash lo emborronó todo.

viernes, 7 de mayo de 2010

Soñando a la mujer sin nombre

 

Ruina

Salí a sentarme un rato en la luna, pero esta se rió y se escondió entre las casa. Yo corrí tras ella, golpeando las farolas para que se callasen, pero fue en vano; se cubrió de montes bostezando nubes y quedé solo con los regaños de las ventanas y las insistentes recomendaciones de los semáforos. Las aceras me obligaron a caminar con su continuo recuerdo de pasos, llevándome al bar donde ella estaba ahogándose entre las palabras. Aparté un poco el ruido para sentarme en una esquina desde donde pudiese verla.

Tenía los ojos pequeños pero una mirada grande que se tragaba los ademanes del hombre que la rodeaba. De vez en cuando su perpetua sonrisa se alargaba y movía las pecas de un lado a otro. El la abofeteaba y después se echaba a llorar mientras ella le pedía perdón por el dolor que su dolor le había infringido. Esto continuó hasta que la derribó de un puñetazo y, montándose en una carcajada, salió del local.

Me acerqué y le ayudé a recoger los pedazos del dibujo que ella había estado haciendo en el aire, pero los trazos de humo habían ondulado y ahora formaban figuras en las que ella ni había pensado. Me preguntó que debía hacer con aquellas imágenes ajenas a su imaginación y solo pude decirle que se las guardase pues el Sol saldría en una horas. Después pedimos un poco de noche y nos la bebimos poco a poco, observando como la pintura de las paredes era derrumbada por los insectos que roían su interior y nos mostraban la verdadera naturaleza de las cosas.

martes, 4 de mayo de 2010

Océano

 

El mar se extendía como un manto turquesa cuyos flecos blancos ondeaban al viento sobre la arena de la playa. Ver el mar siempre había sido su sueño. Dibujado tantas veces en su mente; montado y desmontado una y otra vez. Pero ahora,ante él, se daba cuenta de lo fútil de aquellos ejercicios; era querer imaginar lo inimaginable.

Podía ver como sus huellas dibujaban el camino seguido hasta la orilla; oler la sal en el aire y sentir el fluir del mar entre sus pies mientras dejaba que su mirada se perdiese en aquella inmensidad cuyo fin solo se intuía en el sutil juego de azules del horizonte. Aquel horizonte donde sabía se encontraba su destino, susurrado por la arena que escapaba con las olas.

Y sonrió. Alegre de imaginar la nueva vida que le esperaba en ese mundo nuevo que se escondía tras las aguas. Alegre al pensar que podría conquistar todo lo que  su juventud había soñado. Alegre de alcanzar la tierra prometida de la que tanto había oído cuando escuchaba a escondidas las cartas leídas por unas monedas. De cuclillas bajo la ventana, viajaba arrastrado por el torrente de palabras que contaban las maravillas de la vida en el norte lejano y soñado.

oceano

Fue esto lo que recordó en aquel mínimo instante entre el terror que crispa la mano que busca en el aire algo a que aferrarse y la desesperación que anega  la mente al sentir como el agua inunda los pulmones tras desaparecer, por ultima vez, bajo un mar tan oscuro como su tez.

Solo salió a la superficie una zapatilla de la que asomaba el morro sobre el agua y cuya suela despegada le dibujaba una mueca grotesca. Quedó allí, flotando junto a la patera volcada; la quilla intentando brillar bajo una luna que parpadeaba tras las nubes negras que se cruzaban ante ella, corriendo hacia la nada.