domingo, 20 de junio de 2010

Visita al Zoológico de Santa Cruz

DSC_0724 Hoy he estado en un zoológico; es un pobre zoo de una pobre ciudad de un país pobre de un continente sumido en la pobreza. Es un zoo desarraigado, despeinado y vestido con harapos desechados de otros tiempos que quisieron ser pero no fueron.

En la exuberante naturaleza de Santa Cruz de la Sierra la existencia de las escuálidas jaulas parece más un monumento a las contradicciones de este continente que una muestra de su fauna. Caminando entre jaulas uno puede ver animales exóticos encerrados por la obsesión de ser como los vecinos, lejanos y cercanos, que solo saben sumar, restar y medir. Cada uno de estos animales parecía aceptar su encierro con su propia absurda filosofía.

Las tortugas en su inmovilismo parecían las mas felices caminando lentamente desde ningún sitio a ningún lugar.

Esta el jaguar; rugiendo orgulloso en sus dominios de piedras y polvo, rodeado de alambre, convencido de ser el rey indiscutible de unos siervos que lo dominan.

Mas allá encontramos a la nutria siempre en movimiento, desplazándose de un lado a otro con una elegancia y velocidad que espantaría a las tortugas. Fluyendo inagotable como una cinta multicolor; haciendo muestra de una habilidad desdeñosa. Gran bailarina en esa danza fluvial de tres por dos metros que la obliga a seguir una circunferencia infinita e inútil.

Tenemos a las parabas pavoneándose, como si sus vanos colores le permitiesen romper el cerco de marrón rojizo del alambre oxidado. Los loros, cacatúas y demás pájaros parlanchines que chillan y reclaman sin saber el que o el por que.

También tenemos los animales pobres; el tapir fuerte pero dormido, el cerdo salvaje que camina tan perdido como el domestico solo que, a diferencia del ultimo, se cree libre.

Y en el centro de esta pobreza y vanidad absurda, de gracia desgraciada, se alza el cóndor exaltado por su grandiosa jaula; alagado por su roca y cascada, ahogado por todo lo que le rodea y le impide ser libre para ser lo que todos exigen que sea mientras aseguran el candado de su jaula.

miércoles, 2 de junio de 2010

Jerusalén

El creyente abandono la ciudad con su hatillo al hombro tras escuchar el lamento de los muros.