Dios, cansado de los desmanes cometidos en su nombre, inventó a Gutemberg y trajo así la confusión de la escritura.
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Historias que tras algún tiempo olvidadas en un cajón, real o virtual, han sido rescatadas. Aquí serán expuestas, sin orden ni concierto pues así salen del cajón, para que al menos si mueren sea por no gustar y no por olvido.
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